COGNICIÓN, EMOCIÓN Y CONDUCTA

La Neurociencia cognitiva y la inteligencia emocional  es una nueva línea de pensamiento y acción que tiene como principal objetivo acercar los conocimientos relacionados con el cerebro y el aprendizaje a los agentes educativos.

Las emociones son respuestas, reacciones que experimentan todos los mamíferos, dependen de varios sistemas cerebrales, los cuales se identifican. Esta reacción o respuesta emocional surge ante determinados estímulos, que según nuestro desarrollo evolutivo y cerebral (homo sapiens sapiens), pueden ser estímulos internos, o, común a otros mamíferos, estímulos externos.
Las emociones básicas son alegría, tristeza, miedo, ira. Estas emociones, como comentábamos anteriormente, son desencadenadas o disparadas por estímulos específicos, pero también según el modelado e historia del individuo, pueden activarse con estímulos idiosincrásicos, condicionados, aprendidos a lo largo de su historia evolutiva, ontogenia.



Los sentimientos implican un procesamiento emocional, es decir, cuando se activan las emociones, las funciones cognitivas superiores se encuentran en la corteza cerebral, concretamente en este caso vamos a hablar de la corteza prefrontal, la corteza temporal superior, el occipital angular bilateral, procesan esas emociones, generando estados afectivos más duraderos, como el amor, la compasión, la piedad, la ira. La característica de los sentimientos es que tienden a ser más duraderos que las emociones, ya que dependen de otros sistemas cerebrales, y se refuerzan sistemáticamente en el caso del amor, por ejemplo.



Existen numerosas técnicas de regulación emocional, cognitiva y conductual, citando una conductual, por ejemplo ante el aumento de la ansiedad provocada por la activación de la alarma de la amígdala que puede dispararse antes de un examen, un procedimiento que funciona para reducir la ansiedad es el valsalva. técnica de maniobra, que reduce el ritmo cardíaco mediante la activación del nervio vago, la técnica consiste en contraer los músculos, especialmente los músculos abdominales, durante unos segundos y luego relajarlos, realizando esta operación varias veces y con los músculos de las piernas, y los brazos, al igual que la mandíbula, de esta manera hay una reducción de la ansiedad, porque el sistema límbico "interpreta" que algo se ha hecho ante el estímulo del peligro, corriendo, huyendo, peleando,cuáles serían los comportamientos funcionales ante la activación de la señal de peligro.
Otras formas de regular este tipo de emociones es la respiración diafragmática, inhalando profundamente, aguantando el aire unos segundos y exhalando, de esta manera, la amígdala tiende a desactivarse, parte del sistema de alarma, y ​​la percepción de ansiedad disminuye. Pero la aceptación y conciencia de las emociones en el momento adecuado es la clave de la regulación, optando por un repertorio de respuestas conductuales diferente.  

Precisamente la corteza prefrontal tiene conexiones con el sistema límbico, siendo capaz de inhibir la activación de la respuesta de miedo o ansiedad. Cabe mencionar que el sistema límbico con respuestas automáticas es 300 milisegundos más rápido que incluyendo procesamiento cortical, por lo que en ocasiones las respuestas automáticas son automatizadas y priorizadas.
El hecho de recordar situaciones agradables, utilizar palabras estimulantes de humor agradable, ver imágenes de momentos de tranquilidad, de alegría, genera también una activación emocional de alegría o placer, regulando el sistema emocional. Otras áreas del cerebro involucradas en estas emociones son el cingulado posterior y el precúneo.

También se han comprobado técnicas de saturación de memoria a corto plazo a partir de interrupciones a través de las manos y el tracking y naming de los dedos, esto más que regular una emoción permite reprocesarla, pero este tema no estaría dentro del tema de regulación, y si Es conveniente reestructurar algunas experiencias para reducir la probabilidad de activación emocional ante un estímulo condicionado por ejemplo.
El mindfulness es un tipo de meditación con evidencia de cambios neurológicos que se utiliza mucho para la regulación emocional, consiste en centrarse en respirar y aceptar las emociones, como los pensamientos, dejarlas fluir, sin juzgarlas ni intentar controlarlas.

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